Más sobre el talento
premio Príncipe de Asturias), pero aprovecha todas sus oportunidades de aprender y aun disfruta haciéndolo (aprendizaje autotélico).
Habrá quizá algunas empresas que sólo lo hagan de palabra, pero parece que las organizaciones excelentes valoran en verdad a sus personas y catalizan la presencia del segundo perfil, el del talentoso e intuitivo, tal vez más acorde con la plenitud del ser humano y con los retos pendientes de productividad y competitividad. Habríamos de considerar decididamente torpes a las empresas que, de sus empleados, valoraran más la obediencia que la inteligencia, la sumisión que la decisión, e hicieran bueno aquello otro que decía Pío Baroja…
Dicho de otro modo, hay directivos que facilitan la mejor (más valiosa) expresión de sus dirigidos, viéndolos como profesionales y sin excederse en subrayar su condición de empleados, subordinados, seguidores, colaboradores o recursos. Y hay seguramente todavía otros, en el otro extremo, que sólo reclaman sumisión sin condiciones, y que desatienden iniciativas, sugerencias, ideas… En fin, el debate estaría servido para lectores interesados, cuya visión particular enriquecería sin duda estas reflexiones. Uno apuesta por la máxima expresión profesional de los trabajadores, incluida su intuición genuina.
José Enebral Fernández