Más sobre el talento
se quiere ver así, una cierta obligación moral con la sociedad, pero en la práctica vive su destreza como una obligación consigo mismo, con su disciplina profesional —a la que es leal—, y esto, por cierto, podría causarle problemas en entornos de mediocridad militante. Difícilmente encontrará usted un jefe que le permita brillar más de lo que brille él mismo (que puede ser poco), ni cuente con que compañeros mediocres aplaudan su talento.
Tratemos de enfocar algunas posibles diferencias entre el bien formado y competente trabajador (de buen rendimiento, quizá "notable"), y este otro más talentudo (podría llegar a la "matrícula de honor") a que nos referimos, que se identifica íntimamente con su profesión, y ante la que despliega su integridad y demás fortalezas personales. Uno diría que hay empresas que, en consonancia con los modelos de liderazgo y seguidismo que incorporan, consideran suficiente el perfil de trabajador competente que sigue. Apuntamos sólo diez parámetros seleccionados para destacar diferencias; veamos:
1. Hace cursos de formación continua.
2. Da por buena la información que maneja.
3. Aplica el conocimiento disponible.
4. Es un colaborador de su jefe-líder.
5. Está extrínsecamente motivado.
6. Es básicamente racional.
7. Trabaja con diligencia y disciplina.
8. Observa el salario como un fin.
9. Acata el procedimiento y es políticamente correcto.
10.Ha elegido su profesión.
Y ahora abordemos las diez observaciones paralelas que corresponderían a los trabajadores más identificados con su profesión, más protagonistas de su trabajo, a quienes estamos atribuyendo talento innato, y en quienes podríamos observar mayor disposición innovadora:
1. Practica el aprendizaje permanente.
2. Revisa y contrasta la información que maneja.
3. Establece conexiones, analogías y abstracciones: crea.
4. Persigue y alcanza metas y objetivos.
5. Está intrínseca y autotélicamente motivado.
6. Concilia intuición y razón.
7. Trabaja con esmero e integridad.
8. Observa el salario como una consecuencia.
9. Es un pensador crítico y mejora el procedimiento.
10.Ha sido, en cierto modo, elegido por su profesión.
En esta descripción se percibe, rasgo a rasgo, una diferencia por la que algunas empresas apuestan decididamente. No es igual dar por buena la información recibida, que contrastarla debidamente y traducirla con rigor a conocimiento aplicable; no es lo mismo seguir instrucciones del jefe, que perseguir objetivos que uno hace suyos; no es lo mismo limitar el pensamiento, que darle libre cauce tras la consecución de logros.
Pero detengámonos en la primera diferencia señalada: no es lo mismo asistir a todos los cursos, en aula u on line, a que uno es convocado, que asumir protagonismo y ser proactivos en el aprendizaje permanente, formal y no tan formal. Recordando aquello de que nos hablaba Thomas Davenport en el panorama finisecular, nuestro trabajador talentoso apuesta quizá más por el aprendizaje informal que por el formal, sin descartar éste; tal vez su principal herramienta externa de aprendizaje (e-learning) es Google (reciente premio
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