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Más sobre el talento

José Enebral Fernández

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la misma reflexión: el individuo cuenta con una fluida conexión entre su inconsciente heredado y su conciencia, es decir, con una singular intuición, con una voz interior más facunda.

Se suele en efecto hablar de “talento” cuando el logro o la actividad es más espectacular (arte y deporte, sobre todo), y los observadores se asombran o maravillan; pero cabe asimismo relacionar una buena dosis del mismo con lo que más habitualmente advertimos como fundamentadas vocaciones profesionales en la niñez o adolescencia, y persiste después: hacia las máquinas, los números, alguna rama de la ingeniería, la escritura, el diseño, la física, el dibujo, la música, la docencia, las relaciones públicas... De un niño o niña que destaca en una disciplina, decimos cosas como “le gusta...”, “tiene talento para...”, “sin duda, vale”, “tiene madera”, y en todos los casos estamos significando que sobresale en una determinada actividad; que posee una intuición fluida en ese campo. Es cosa bien distinta de aquello más infantil de “de mayor quiero ser...”.

En verdad todo esto es más complejo, porque el niño, en sus manifestaciones, puede estar más motivado por el impacto que genera en sus mayores, que atraído por un camino profesional; pero el hecho es que algunas opciones profesionales tienen un origen claramente heredado, endógeno, y esto supone una diferencia frente a otros alistamientos atraídos por las corrientes y oportunidades circundantes. Hemos de aceptar, en efecto, que la infancia está muy condicionada en su formación, y lo estamos asimismo en el acceso a una carrera universitaria y a un trabajo; de modo que el posible talento puede quedar en ocasiones escondido o preterido: en algunos casos, sólo cuando tienen la vida más o menos resuelta, se dedican los talentosos a cultivar sus dones...

Admitamos, sí, que favorables circunstancias y un particular empeño puedan permitir a algunos —sólo una parte de quienes llegan a la mayoría de edad con una orientación endógena— desarrollar su aparente misión y dedicarse, quizá dentro de una organización idónea, a la actividad correspondiente; se trata, eso sí, de una parte de trabajadores que vive su profesión con especial intensidad, implicación, mindfulness y compromiso, y que puede por ello contribuir a la innovación de manera decisiva. Uno debe preguntarse si posee una misión, un destino profesional, un purpose, una íntima identificación con su trabajo..., o si sólo desea ganarse el sueldo dignamente: es distinto.

Sin duda, las empresas del saber habrían de aprovechar todos los recursos de sus seres humanos y catalizar para ello la expresión práctica de los talentos y vocaciones disponibles; pero las reflexiones aquí desplegadas se dirigen también a los propios destinados por la naturaleza, por si contribuyeran en algún caso al autoconocimiento y la mejor gestión de sus facultades y fortalezas. Si es trabajador talentoso, acepte ayuda para el desarrollo de su talento, pero procure gestionárselo usted mismo: usted es el dueño de su capital humano. Póngalo al servicio de su organización, pero sépase propietario.

El dotado tendría, si se ... continua >>

 


 
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