Más sobre el talento
En verdad no todos pensamos lo mismo al hablar de talento, pero estamos ante una palabra —buzzword— que encontramos a menudo en la convocatoria de jornadas y en la literatura del management: sobre todo, hablando del talento directivo. Parece que se sugiere a veces cierta sinonimia con la inteligencia y aun con el liderazgo, pero podríamos, quizá con más rigor, relacionar el talento con una habilidad innata para hacer algo especialmente bien, una destreza especial que no siempre descubrimos enseguida y que se ha de desarrollar debidamente.
Se lleva ciertamente mucho tiempo hablando del talento directivo, y parece oportuno añadir asimismo reflexiones sobre el talento técnico: sobre la disposición innata que ha conducido por sus trayectorias curriculares a no pocos de los profesionales de la economía del saber. Conviene detenerse en la singular reserva de conocimiento intuitivo de estos trabajadores identificados con su profesión, porque poseen una fluida conexión entre el inconsciente y la conciencia; una conexión que podría marcar la diferencia, y contribuir de manera decisiva al alto rendimiento y la innovación. Atendamos, sí, también, al talento técnico.
Se pensará que la intuición es un arma de doble filo, o que lo importante es que seamos todos competentes y aun excelentes, con o sin las visibles destrezas innatas a que denominamos talento; sin embargo, el profesional elegido por la naturaleza nace con una ventaja, y, si desarrolla el potencial correspondiente, puede alcanzar un rendimiento singular y contribuir sensiblemente a la mejora y la innovación. Junto a todo lo adquirido después, cuenta con un inconsciente de base que, mediante la genuina fenomenología intuitiva, va a hacer más efectiva su curiosidad, su perspicacia, su creatividad, su perspectiva y su buen juicio, en el desempeño de la tarea para la que parece haber nacido.
La novedad es el elemento clave de la era de la información y el conocimiento, y de hecho hay expertos que apuestan más por la expresión innovation worker que por la de knowledge worker; vale por consiguiente la pena profundizar en el perfil del profesional más idóneo para la innovación. Los titulares de la prensa económica señalan aquí —en la innovación— una asignatura pendiente de nuestra economía y habría que analizar mejor por qué lo es; nosotros enfocaremos en estas páginas la figura del trabajador talentoso, cuya creatividad se ve reforzada por una particular intuición. Bienvenido el trabajador talentoso e intuitivo, en la economía del saber y el innovar.
Aunque no pocos de los grandes avances técnicos y científicos se han beneficiado del denominado sexto sentido de investigadores muy reconocidos, no hablamos aquí de ellos: lo hacemos de personas más próximas a nosotros, que parecen vivir su actividad con especial dedicación y responsabilidad, como una misión íntima. Si prefieren dejar el sonoro término —talento— para los casos más llamativos o excepcionales, podemos hablar también de vocación autotélica (de apego innato a una actividad por sí misma, y no por el dinero o impacto en los demás que pueda generar), y vale la
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